Gran Zimbabwe / Zimbabwe


Denominación: El Gran Zimbabwe / Zimbabwe

Ubicación:

 

Antigüeda: No es posible saber su antigüedad.

Descripción

Un gigantesco fuerte y construcciones megalíticas
Ocupa unos 6 kilometros cuadrados
Descubierta en 1868, por casualidad, por un cazador llamado Adams Renders.
Muchos comerciantes anteriores hacían referencia a una ciudad conocida como “grandes casas de piedra” y la leyenda dice que se trataría de la antigua ciudad de la reina de Saba.

La ciudad en ruinas consta de tres partes.
Acrópolis, que se alza sobre una colina en medio de curiosas formaciones rocosas.
El valle de las Ruinas.
El recinto Elíptico o Gran Plaza.
Actualmente se descubierto mas de 300 estructuras, pero dentro de un área de aproximadamente 100 km se estima que hay muchas más.

Al sur de África se encuentra una gigantesca construcción de piedra, que semeja un gran fuerte que constaba de una muralla tipo circular de 250 metros de largo, con cinco y diez metros de espesor en su base, disminuyendo a medida que alcanzaba la altura máxima de diez metros y un perímetro de doscientos cincuenta metros que contenía todo el recinto; además, poseía en su cara interior refuerzos de contrafuerte, los que aseguraban la estabilidad y resistencia de todo el conjunto.
Este paredón estaba compuesto por piedras bien cortadas y encajadas (sin mortero), lo que evidencia la habilidad y tecnología de los constructores.

A su vez, del lado exterior de la muralla, a una cierta altura, las mismas piedras formaban un dibujo en zigzag, que supone una conciencia artística de los realizadores de semejante obra, y en la parte superior estaban colocados apliques verticales de aproximadamente dos metros de altura con unos pájaros en posición de vigía.

Ya dentro del recinto se halla una torre cónica, también de piedra (se supone maciza), de dimensiones gigantescas, con aproximadamente veinte metros de altura, todo de gran calidad de construcción, además, diversas murallas y columnas formaban parte del interior, sin saberse aún cuál era su propósito.
Dicha torre aparentemente no tiene ninguna función, carece de puertas, ventanas y escaleras, sumado a que es muy posible que sea solida en todo su volumen.

Todo el conjunto recibe el nombre de “El Gran Zimbabwe”; construcciones similares denominadas Zimbabwes, sugerían que existían cerca de diez capitales de este tipo, a unos cien kilómetros de distancia una de otra, por ejemplo Manekweni y Botswana.
La gente del lugar podía contar y describir ceremonias religiosas, pero esto no significa que hayan sido ellos los constructores de estas edificaciones.

En 1871, Karl Mauch (explorador y geólogo) escribió en su diario de investigación cuando trabajaba en El Gran Zimbabwe: “El complejo es un gran acertijo, pero demuestra con mucha claridad que en su tiempo debió vivir aquí una nación civilizada”.
Cuando K. Mauch llegó al poblado de Monomotapa, al norte del río Limpopo, el jefe shona le transmitió: “Hubo un tiempo en que blancos hombres vivieron en este país”.
Expresándose: “Había enormes ruinas que nunca pudieron haber sido construidas por los hombres de color”.
¿Quiénes eran estos hombres blancos, de dónde provenían y en qué época se encontraron?
Otro investigador de el Gran Zimbabwe fue Theodoro Bent quien había descubierto diversas piezas, entre ellas una de cristal blanco con adornos de oro. Pensando que eran de procedencia china, por su similitud y por ser impensable que fueran de los nativos, no reparó mucho en ellas, pero luego de un tiempo de análisis documentó: “Creo que estas ruinas y todo lo que tenemos aquí es nativo; pero no podría estar de acuerdo en que oriundos africanos lo hubieran construido”.
El finalmente, Bent llegó a la conclusión a través de todo su trabajo, que con la gran semejanza del Gran Zimbabwe con los monumentos de Asia, Fenicia, Chipre, Malta, Cerdeña, Egipto, Sudán y sur de Arabia, “una raza prehistórica debió construir dichas obras que finalmente se vio influenciada y quizás absorbida por las organizaciones de los semitas procedentes de Arabia, muy afines con los fenicios y egipcios, y como última etapa desarrollaron las razas más civilizadas del mundo antiguo”.
En 1910 llegó a Nigeria Leo Frobenius, para dedicar su vida a la prehistoria de África a través de una investigación sistemática; entendía que debía estudiarse a África por sus documentos escritos, sus grandes monumentos y fundamentalmente por los mitos y tradiciones locales.
El primer relato que recibió fue: Ife era la ciudad santa de los yorubas, vecinos occidentales de Benín; trasladado, se dedicó a visitar los templos de los dioses yorubas, después de múltiples excavaciones en el bosque Olokun, a más de cinco metros de profundidad encontró cerámicas y exquisitas cabezas con gran calidad en sus detalles y un puro estilo en terracota.
Pero el máximo hallazgo fue de una espléndida cabeza de un vaciado en bronce antiguo con rasgos extremadamente realistas y de un trabajo extremo de precisión; esta pertenecía a la deidad Olokun, el Poseidón del África atlántica, llegando a la conclusión en sus trabajos que la cultura Ife y Yoruba podían ser los últimos vestigios de la Atlántida de Platón, que describe a la isla de Poseidón perdida en los océanos más allá de las columnas de Hércules.
Frobenius veía en los etíopes un conjunto de misticismo con una comunión con la naturaleza y formas no racionales, sino intuitivas, y relacionó todo esto con una influencia de la civilización Atlántica manifestadas por las artes de Ife.
La primera excavación arqueológica con carácter científico fue en 1905 por David Randall-Mac Iver, en su momento determino que los objetos encontrados eran sin duda de origen africano.
En 1929, Gertrude Caton-Thompson fue la primera arqueóloga que, de manera tajante, aseveró que aquellas ruinas había sido levantadas por africanos.

 

Si nos detenemos en las diversas zonas de África distinguidas en esta muy breve reseña y analizamos sus incomparables obras de piedra, sólo puede generalizarse que ninguna de ellas pudo haber sido realizada por simples comunidades de hombres propios de este continente, pues la tecnología necesaria, las horas-hombre que se utilizaron sumando a esto la formación intelectual y artística para tales logros, no son ni remotamente comparables o atribuibles a los poblados de cada zona; por lo tanto, la pregunta fue y sigue siendo: ¿quiénes construyeron todo este mundo de piedra, ya que no son unas pocas obras sin importancia, sino todo lo contrario?.

 


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Dario Tursarkisian
Fundador Universidad del Alma
Investigador histórico – científico – espiritual
Instructor metafísica universal


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