Aviones en la Prehistoria


Introducción
A lo largo de la extensa historia en el tiempo y en casí todo el mundo, se encuentran relatos sobre máquinas o artefactos voladores.
Desde las famosas alfombras volantes de la antigua Arabia; figuras Bíblicas tales como Ezequiel y Salomón volando de lugar en lugar con sus carros mágicos; o en la antigua India donde se encuentran muy bien documentas maquinas voladora como los Vimanas; también en China se encuentran sus naves voladoras del pasado antiguo; y como si todo esto no fuera suficiente, en Colombia podemos encontrar unas maquetas de pequeños avioncitos de todo tipo.
Parrafo aparte son todos los avistamientos de objetos voladores en el pasado  más reciente, relatos y documentos.


Modelos Escala Colombia
Modelos de aviones pequeños hallados en Colombia


Modelos Escala Egipto
Modelo de un avión en madera encontrado en Egipto. (3000 a.C.).
Corría el año 1969 cuando una pieza del Museo Egipcio de Antigüedades de El Cairo llamó particularmente la atención del Dr. Khalil Messiha. Se trataba de un objeto que databa por lo menos del siglo II A.C., encontrado por el arqueólogo francés Lauret en una tumba de Sakkarah en 1898, el cual, catalogado con el número 6347, se había estado exhibiendo durante unos cincuenta años – entre otros de aspecto semejante – bajo el rótulo de «pájaro».

A primera vista, el tal «pájaro» 6347, construido con ligera madera de sicomoro – de apenas 14 centímetros de longitud y con una envergadura de 18 – no parecía desentonar con el resto de la bandada. Pero, aun así, algunos detalles no encajaban del todo a juicio del Dr. Messiha. Para empezar, las alas eran completamente lisas, y su cola, muy diferente a la cualquier ave, tenía la forma de una especie de aleta que se alzaba verticalmente. Y por lo demás, no estaba adornado en modo alguno, a excepción de un (simbólico) ojo derecho y de dos cortas líneas bajo las alas. Luego, un detenido examen realizado por el mismo Messiha reveló la existencia de una delicada inscripción donde se leía «PA – DI – IMEN», que en la lengua del periodo faraónico significa «regalo de Amón» ( un antiguo dios cuyo origen se halla en Tebas y que personificaba lo oculto y era conocido también como «Padre de todos los vientos» o «Alma del viento», representándosele con la piel de color azul y dos grandes plumas sobre el tocado de su cabeza ; el mismo dios Imen – su nombre egipcio – , o Amón – nombre que le dieron más tarde los griegos – , que poco a poco fue asimilándose a Ra, y pasó así a llamarse Amónrasonter, esto es «Amón – Ra, rey de los dioses»).

¡Ningún pájaro!
Así que, aficionado al aeromodelismo, el Dr. Khalil Messiha no se demoró en construir en madera balsa un modelo con las mismas medidas del original. De hecho, era una copia casi idéntica salvo por un pequeño estabilizador que le había agregado en la cola. Lo arrojó al aire y comprobó sin asombro que podía volar sin problema unos cuantos metros…
Pero eso no era todo. Examinando la pieza en detalle, el curioso Dr. Messiha se dio cuenta de que su forma era especialmente aerodinámica y que el singular diseño de sus alas curvadas estaba pensado para crear un efecto de vacío sobre ellas – para conceder un máximo de capacidad de elevación sin frenado -, algo similar al tipo de alas que se utilizaron en aviones como el Concorde – Caravelle. Cosa que, a poco, su propio hermano e ingeniero de vuelo, sumándose al estudio del objeto, precisó en términos técnicos sosteniendo que:»El ángulo diedro negativo – refiriéndose a las alas » cumple las mismas funciones que el positivo: una sección muestra que la superficie del ala es parte de una elipse que proporciona estabilidad durante el vuelo; y las formas aerodinámicas de la estructura disminuyen la resistencia del aire, lo cual es un hecho que fue descubierto en aeronáutica tras años de trabajos experimentales.»

Y no mucho después, cuando se comprobó que algunos de los otros «pájaros» que acompañaban a la singular pieza 6347 reunían idénticas proporciones, el ruido finalmente llegó a oídos del gobierno de Egipto que, con buen criterio, ordenó de inmediato a una comisión técnica llevar a cabo otro estudio completo de todas las piezas así etiquetadas. Dicha comisión de expertos, nombrada el 23 de diciembre de 1971, estaba integrada por Kamal Naguib, presidente de la Federación Egipcia de Aeronáutica, el Dr. Henry Riad, director del Museo de Antigüedades Egipcias, y los doctores Hishmat Nessiha y Abdul Quader Selim, director del Departamento de Antigüedades y director delegado del Museo Egipcio para la investigación del arte antiguo respectivamente; quienes unánimemente y sin tardanza concluyeron que la pieza 6347 no reproducía ningún pájaro sino, en efecto, a ¡un auténtico avión capaz de volar!…

Sorprendente desde cualquier punto de vista, pero a la vez incontestable, el informe de la comisión, que incluía a varios de los otro modelos de «pájaros», resultó en una plausible actitud de honestidad científica de parte del gobierno Egipcio que, apenas veinte días después de encargar los estudios de tales maquetas, el 12 de enero de 1972, inauguró en el pabellón de antigüedades del Museo Egipcio – con palabras alusivas a cargo del Dr. Abdul Quader Hatem en representación del Primer Ministro y del Ministro del Aire – la primera exposición de «aeromodelismo del período faraónico», presentando al público 14 modelos de aeroplanos que se remontaban al Antiguo Egipto.

Ahora bien, si tal y como se desprende de la opinión de autorizados peritos en aeronáutica, estos modelos de aeroplanos revelan un diseño de avanzadas características, que en ningún caso puede ser considerado como fruto de la mera casualidad sino más bien de un muy preciso conocimiento de la aerodinámica, la pregunta que nos hacemos a continuación es tan obvia que casi parece una perogrullada: ¿quién poseía hace más de dos mil años este tipo de información técnica que sólo puede acumularse a través de una prolongada experiencia en el campo de la aeronáutica?

En cualquier caso, los hechos aquí planteados, y los interrogantes derivados, nos llevan por lo menos a suscribir las palabras del gran literato alemán Goethe, cuando hace más de un siglo escribió : «En nuestros días apenas puede dudarse de que resulta necesario reescribir de cuando en cuando la historia universal. Pero tal necesidad no deriva del descubrimiento de muchos hechos antes desconocidos, sino de la presencia de nuevas opiniones. Es que el coetáneo de una época de progreso en marcha se ve conducido a nuevos puntos de vista, desde los cuales contempla y juzga el pasado de un modo renovado.»
CÉSAR REYES – http://www.antiguosastronautas.com


Aviones y Helicopteros en Egipto


Los aviones de la China antigua
El pueblo legendario «Chi-Kung» en el 2000 a.C. llego con «naves volantes» hasta el actual Honan; así lo reflejan la leyenda y los dibujos de la época.

Hay muchas leyendas chinas acerca del vuelo, incluyendo un legendario carro volador perteneciente a un antiguo príncipe chino y al más reciente Wan Hoo – del siglo15 A.D. o así.

Según se dice, él construyó un fuerte armazón de madera alrededor de una cómoda silla y sujetó 47 cohetes a la parte trasera del asiento. Encima de éste, ató dos cometas grandes. Después de atarse él mismo a la silla, levantó su mano y unos sirvientes que llevaban antorchas llameantes avanzaron hacia el vehículo y encendieron los cohetes. Un momento después hubo una poderosa explosión, seguida de una impresionante nube de humo negro. Hoo, lívido, desapareció, dejando atrás nada más que una leyenda.

De igual manera que a menudo encontramos en los más antiguos mitos y leyendas de los cinco continentes referencias que parecen apuntar a la pretérita existencia de portentos tecnológicos vinculados a la presencia de dioses y/o seres sobrenaturales, la larga memoria de China recuerda muy bien a héroes que surcaban las nubes montados en “dragones celestiales” o en fabulosos “pájaros del cielo” , o, más precisamente hablando, sobre “carros voladores” como por ejemplo cuentan los cronistas del pasado acerca del legendario pueblo Chi-Kung: ”Los Chi-Kung son un pueblo ingenioso. Saben muchas cosas que les son desconocidas a otros pueblos. En grandes carros viajan surcando los aires. Cuando gobernaba el mundo el emperador T ‘ang, un viento del oeste llevó a los carros voladores a Yuchow, donde aterrizaron. T ‘ang desmontó los carros, ocultándolos en almacenes, pues el pueblo creía demasiado fácilmente en cosas sobrenaturales, y el emperador no quiso inquietar a sus súbditos. Los visitantes se quedaron diez años, volvieron luego a montar sus carros, los cargaron con los regalos de honor del emperador, y se fueron volando con un fuerte viento del este…”

Claro que estos sorprendentes relatos, y sus reiteradas variantes, se hacen todavía más significativos a medida que nos retrotraemos hasta los albores de esta rica civilización y nos enteramos que, de acuerdo con el manuscrito Tchi , China fue gobernada durante 18.000 años por una raza de soberanos divinos que, conocidos como los “Hijos del Cielo” (título que luego ostentaron los emperadores por considerárseles descendientes directos de éstos), habrían llegado a la Tierra para fundar el Imperio. Asimismo, se dice que por entonces los ascensos y descensos entre el Cielo y la Tierra eran cosa de todos los días; al punto que, en el Shu-Chian, o Libro de los Testimonios, se hace mención de que la tierra parecía abrirse y que todo se desmoronaba cada vez que el emperador ascendía. Eso duró hasta que, como se revela en el texto Shoo-King, un rey de la divina dinastía llamado Chang-Ty “observó que su gente había perdido los principios de la virtud; por tanto ordenó (…) cortar toda comunicación entre Cielo y Tierra.
Desde entonces no hubo ascensos ni descensos”. Lo cual nos hace evocar las disputas entre los Elohim del Antiguo Testamento y por consiguiente nos lleva a señalar, en un todo de acuerdo con W. Raymond Drake (Dioses y Hombres del Espacio, Ediciones Roca, México, 1979), que evidentemente: hay marcados paralelismos entre las creencias religiosas y mitológicas de los chinos y las registradas en las escrituras hebreas. Decididamente llama la atención más allá de la mera casualidad si tenemos en cuenta que, como bien agrega Drake: “Los “Depositarios chinos”, un trabajo de inmensa sabiduría, hace mención de una era de virtud y felicidad: un jardín con un árbol dador de manzanas de la inmortalidad, custodiado por una serpiente alada (un dragón). Prosigue: la caída del hombre, el comienzo del deseo y la guerra… una gran inundación, dioses-hombres nacidos de vírgenes, mesianismo, veneración de una virgen-madre, trinidades, monaquismo…, predicación, oradores, caos primigenio, paraíso….”
CÉSAR REYES – http://www.antiguosastronautas.com

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La extraña rueda del profeta Ezequiel
En un artículo anterior – Ezequiel revisitado: Rueda multidireccional – puse énfasis en la curiosa descripción que unos dos mil seiscientos años atrás hizo el profeta Ezequiel sobre una muy extraña rueda que era al parecer, en sus propias palabras, “como una rueda que está dentro de otra rueda” (Ez 1,16), cuando encontrándose él a orillas del río Kebar vio de pronto que “venía del norte un torbellino de viento, y una gran nube, y una masa de fuego, y un resplandor alrededor de ella; y en su centro, esto es, en medio del fuego, una imagen como de bronce.” (Ez 1,4)

En rigor, el relato minucioso de Ezequiel en el Antiguo Testamento tal vez sea uno de los más reveladores testimonios para conjeturar lícitamente – en el marco de la Hipótesis del Antiguo Astronauta – que alguien pudo haber visto hace milenios el descenso de una nave espacial frente a sus narices. Sin embargo, en lo personal, sostengo enfáticamente que es antes de nada la rueda (o las ruedas) en particular, por la significativa e inequívoca función técnica que implica según la descripción bíblica, lo que da mayor sustento al caso y no tanto las otras referencias a la nube fulgurante o el objeto “como de bronce” que había en el centro de ella y etc., ya que tales referencias bien pueden ser objeto de muy diferentes interpretaciones, digamos por caso fenómenos naturales de tipo atmosférico y otras en franca oposición con la idea de una posible paleovisita extraterrestre, que bien pueden llevarnos a concluir apresuradamente una simplista sentencia del tipo: el profeta Ezequiel en realidad no vio lo que dijo que vio sino…blablablá…

“Como una rueda que está dentro de otra rueda…”

Como dije a su tiempo en mi trabajo anterior arriba mencionado, hay un error extendido en el común de las gentes, que es sostenido sobre todo por algunos autores y artistas mal informados, quienes han pretendido ilustrar sin acierto lo visto por Ezequiel a orillas del río Kebar dando por hecho que el profeta vio “halos”, “círculos de luz” o cosas parecidas a “ruedas” en el cielo, lo cual es absolutamente falso si nos atenemos fielmente a lo que con toda claridad dice el texto que leemos a continuación:

Ezequiel 1
15. Y mientras estaba yo mirando (…), apareció una rueda sobre la tierra, (…)
16. Y las ruedas y la materia de ellas era a la vista como crisólito, y las cuatro eran semejantes, y su forma y estructura eran como de una rueda que está dentro de otra rueda.
17. Caminaban constantemente por sus cuatro lados, y no se volvían cuando andaban.
18. Asimismo las ruedas tenían tal circunferencia y altura que causaba espanto el verlas; y toda la circunferencia de todas cuatro estaba llena de ojos por todas partes.
19. Y caminando los seres vivientes, andaban igualmente también las ruedas junto a ellos; y cuando aquellos seres se levantaban de la tierra, se levantaban también del mismo modo las ruedas con ellos.
20. A cualquier parte donde iba el espíritu, allá se dirigían también en pos de él las ruedas; porque había en las ruedas espíritu de vida.
21. Cuando aquellos seres andaban, andaban las ruedas; parábanse, si ellos se paraban; y levantándose ellos de la tierra, se levantaban también las ruedas en pos de ellos; porque había en las ruedas espíritu de vida.

Vemos aquí cierta y evidentemente que Ezequiel habla sin lugar a dudas de ruedas en el suelo y no (nunca) en el cielo, lo cual invalida por completo la pretendida explicación dada oportunamente por el astrónomo de la Universidad de Harvard Donald H. Menzel, quien sostuvo que el profeta habría sido víctima de una ilusión óptica debida a un complejo fenómeno meteorológico conocido como parahelio (formado por la luz solar que se refracta a través de los cristales de hielo de las nubes, dando lugar a la aparición de anillos concéntricos que rodean al Sol), que combinada con un poco de imaginación y un fervoroso espíritu religioso dio como resultado todo cuanto él narra en el milenario libro. Por consiguiente, y aunque resulte decididamente inadmisible para algunos, la posibilidad de que el testimonio brindado por Ezequiel describa en el mejor lenguaje de su época el aterrizaje de un artefacto alienígena no es algo que pueda descartarse alegremente y por mero prejuicio…

Desde luego y a buen seguro, Ezequiel no tendría la menor idea de cuál sería el aspecto de una nave espacial…ni conocería tampoco cómo se veía un parahelio. Pero sin temor a equivocarnos podremos apostar que sí sabía explicar muy bien cómo funcionaba una simple rueda en un sencillo carro. Y es por eso que resulta de lo más curioso que este hombre ilustrado haya puesto tanto empeño en describir las peculiares características de algo tan común y corriente, diciendo, por ejemplo, que “su forma y estructura eran como de una rueda que está dentro de otra rueda”, o que (las ruedas) “caminaban constantemente por sus cuatro lados, y no se volvían cuando andaban” y que, además (cada rueda) “estaba llena de ojos por todas partes.”

Patente de invención N° 3.789.947
Luego de la aparición de Chariots of the Gods? de Erich von Däniken – el primero en proponer que el Libro de Ezequiel hablaba en realidad de una nave espacial de algún tipo – el ingeniero aeronáutico Josef F. Blumrich, ya dueño por entonces de una medalla al mérito por servicios especiales otorgada por la NASA, quiso demostrar que nada de lo que decía al respecto el escritor suizo tenía el menor asidero. La sola idea le parecía a Blumrich absurda e inadmisible y puso con eso en mente manos a la obra para ponerlo en evidencia. Pero al cabo de una exhaustiva investigación del milenario texto bíblico, la honestidad intelectual de Blumrich lo llevó a admitir que, en efecto, el profeta del Antiguo Testamento bien podría haber hecho a su modo, como sostenía von Däniken, una descripción técnica de una nave espacial que, según el mismo Blumrich interpretó después, tendría un cuerpo cónico, un conjunto de cuatro trenes de aterrizaje con paletas de helicóptero y ruedas y otros complejos mecanismos que con profusos detalles técnicos y diagramas dio a conocer en su libro The Spaceships of Ezekiel, publicado en 1974.

Pero no conforme con eso, este ingeniero aeroespacial, que había participado en la construcción del Saturno V – el cohete que llevó a los astronautas a la Luna – diseñó y patentó (en 1974) en el Registro de Patentes de los Estados Unidos, bajo el número 3.789.947, una rueda omnidireccional inspirada en la muy extraña descripción de Ezequiel sobre aquellas ruedas cuya estructura era como de una rueda que está dentro de otra rueda, que caminaban por sus cuatro lados y no se volvían cuando andaban, y estaban llenas de ojos por todas partes…

No ha sido sencillo para la mayoría comprender al principio el diseño y función de estas desusadas ruedas. Sin embargo, cuando se tiene, a través de la explicación de Josef Blumrich, una cabal idea del mecanismo, uno se da cuenta de inmediato que no se trata de algo en extremo complicado y mucho menos imposible para nuestra tecnología robótica del siglo XXI, como veremos en breve.

Leemos a Josef Blumrich ((Ezequiel vio una nave extraterrestre. Editorial ATE, 1979, España):

U3-X
Desde luego, para los no entendidos, no siempre las cosas quedan del todo claras hasta que uno ve “el aparato funcionando”. ¡Y afortunadamente la “rueda de Ezequiel” está hoy en movimiento y a la vista de todos!

Bien sabemos que un invento (como el de Blumrich en este caso) puede ser mejorado en cualquier momento. Y que toda optimización de un diseño original es siempre un paso adelante que debemos celebrar…Y eso mismo hice cuando me encontré viendo con agradable sorpresa la “rueda omnidireccional de Ezequiel” girando en el uniciclo U3-X que la prestigiosa empresa japonesa Honda presentó al público en octubre de 2009, en el Tokyo Motor Show.

En línea con la tecnología de los Segways, el nuevo vehículo de Honda cuenta con un sistema denominado HOT Drive System (Honda Omni Traction Drive System), formado por pequeñas ruedas motorizadas conectadas entre sí para formar una rueda de mayor diámetro, lo cual permite un movimiento en cualquier dirección… al igual que las ruedas que vio Ezequiel que “caminaban constantemente por sus cuatro lados, y no se volvían cuando andaban.” (Ez 1,17). ¡Aunque usted no lo crea!…por decirlo así, en palabras de Robert Ripley.

El video que se muestra a continuación ilustra, como diagrama técnico animado, el movimiento omnidireccional del HOT Drive System… (¡cómo lo vio Ezequiel!).

Un testigo creíble y confiable
Al escribir esto tengo en mis manos un ejemplar de la “Sagrada Biblia”, publicada por la Editorial Herder de Barcelona, España, en 1970. La revisión general de los textos originales y las introducciones estuvieron a cargo del R.P. Serafín de Ausejo, profesor de Sagrada Escritura, quien sobre Ezequiel y su libro dijo, entre muchas otras cosas interesantes: “El Libro de Ezequiel es seguramente el más ordenado y lógico entre los de todos los profetas.” (…) “El carácter de Ezequiel es lógico y razonador. No es un poeta al estilo de Isaías, ni un corazón emotivo como el de Jeremías. Su fuerza está en lo ponderado de su raciocinio…”

En cualquier tribunal de nuestros días, un concepto así sobre una persona le daría a ésta absoluta calidad de testigo creíble y confiable…Hace dos mil seiscientos años, este mismo hombre lógico y razonador y letrado y, por consiguiente, individuo creíble y confiable dijo haber visto “algo” cuyas características permiten sospechar legítimamente que podría tratarse de un portento tecnológico que estaría mucho más allá de su umbral de comprensión…pero aun así lo describió de la mejor manera y conforme su lenguaje de época se lo permitió, haciendo incluso hincapié en ciertos detalles que aludían a unas insólitas ruedas cuya función técnica recién hoy, en el siglo 21, alcanzamos a comprender del todo gracias al diseño de avanzada, y experimental, de una empresa líder en robótica…

Me cuesta creer que hoy – salvando las distancias de los nuevos logros tecnológicos que todos tenemos a diario a tiro de piedra en el campo de la información – alguno de nosotros hubiese podido describir esta rueda omnidireccional con mayor claridad…
CÉSAR REYES – http://www.antiguosastronautas.com


Vimanas
Aeronaves de los antiguos escritos de la India pre-aria, documentado en los Vedas, Mahabharata y el Ramayana; textos sagrados de toda la religión Hindú. (+3000 a.C.)


Tobera de Palenque
Mexico – en el complejo de Palenque una escultura precolombina de igual forma que una tobera de una turbina aeroespacial.


El rey Salomón y sus carrozas voladoras
Hay tres textos: El Corán, el Kebra Negast, y el Targun que mencionan naves voladoras que trasladaban al Rey Salomón, monarca misterioso de Israel, para ver a la reina de Saba, Makeda. (1000 a.C.).


Aviones y Astronautas en América Precolombina

Relieve precolombino denominado como ?jugador de pelota? por parte de la comunidad arqueológica. Seguramente debía formar parte del equipo de futbol interestelar Maya, por eso lleva el casco con respirador y traje espacial?sin comentarios.
Más pretendidos ?jugadores de pelota? con trajes espaciales incluidos, juzgad vosotros mismos. Es que da hasta vergüenza la interpretación arqueológica aceptada.
Mas muestras de personajes con casco en el arte precolombino. Las facciones de la cabeza de la izquierda parecen notablemente orientales, e incluso recuerda un poco a la cara de algunos budas. En la esquina superior derecha parece llevar un respirador especial y figura de rasgos claramente caucasianos en la esquina inferior derecha.


Ovnis en la Antigüedad
Mas de 30 documentos donde se expone la presencia de objetos voladores en el pasado a lo largo de todo el planeta y en las mas diversas cultura o poblados.
Ver articulo: Enlace


Dario Tursarkisian
Fundador Universidad del Alma
Investigador histórico – científico – espiritual
Instructor metafísica universal


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